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Lo llamó para que saliera de la fila y se le quedó mirando. No le gustaban los ojos de ese chico, tenían un brillo de desafío.

Todos en aquel lugar tenían un solo cometido, alimentar a la máquina de guerra de su ejército, el mismo que había conquistado aquel lugar pero esa mirada de insolencia podía ser una chispa que prendiera y no estaba dispuesto que lo hiciera.

Se creía fuerte, se creía con posibilidades pero no tenía ninguna. Ese chico no sabía nada del mundo, ese chico no tenía ni su fuerza ni su destreza y, con todo, había algo en él que lo inquietaba. Puede que tuviera que eliminarlo. No era ni mucho menos la primera vez que mataba a alguien, había matado a muchos, no es que le supusiera gran esfuerzo y aquel chaval estaba ganándose el ser su siguiente víctima.

De repente, una explosión. Caos y un cuchillo clavado en su pecho y esos ojos otra vez mirándolo, esos ojos de odio inmenso, de furia suelta al fin. Le habían tendido una trampa y aquel chaval lo había engañado.

Sonrió, no podía hacer otra cosa.

A pesar de lo que la gente quiso creer no eran lo suficientemente buenos para encontrar los caminos que llevaban al cielo, así que se abrieron de par en par las puertas del infierno, mezclando a los vivos y a los muertos, asomando al averno a los inocentes de nuestros tiempo, llevando al precipicio de los tiempos todos los sueños de aquellos que perdieron el tiempo en pedir en vez de cumplir.

Todo da igual ya, los hijos bastardos ya no tendrán una marca en la frente y los que fueron ofendidos ya no llevarán cuernos, pues ahora todo el mundo está afligido aquí, pues han pagado el castigo por igual los buenos y los malos, tan sólo por el egoísmo de unos pocos que no fueron capaces de cumplir las promesas de ser mejores.

No, esto no es un sueño, es una condena, la condena por vivir sólo pensando en uno, la condena por ser cada día más egoístas, por no ser capaces de sentir lo que otros tenían en su corazón.

Aquí estamos, luchando de nuevo, por revertir lo imposible, por encontrar una esperanza en medio de este caos que hemos creado.

Siempre pensé que mi destino era grande pero la vida no entiende de pareceres y me mandó al más recóndito lugar del universo, me hizo náufrago espacial y ahora sólo me deja jugar a sobrevivir.

En mi decimotercer día en este planeta sigo buscando supervivientes y, no voy a mentir, sigo buscándote a ti. Algo en mi interior me dice que sigues viva y sé, por experiencia, que mi intuición no suele equivocarse. No obstante, dentro de mí hay un estremecimiento que se hace más y más fuerte, algo peligroso te acecha y, seguramente, hace lo mismo conmigo.

Tengo que encontrarte, quizás nunca podamos regresar a la Tierra pero quizás podamos sobrevivir juntos, puede que ese haya sido mi gran destino desde el principio, sobrevivir junto a ti.

Una luz alumbra el cielo de repente. Un recuerdo en ese momento me viene a la cabeza. Esa frase que me dijiste hace mucho tiempo: “las cosas más brillantes desaparecen pronto”. ¡Estás en esa dirección! Pero, ¿qué está pasando en ese lugar?”.

Calibro la ruta hacia mi destino y me dispongo a correr, no hay más tiempo que perder.

Regresar a la tierra

Estuve allí, en el momento en que todo empezó, ese instante en el que las cosas se empezaron a desmoronar, ese segundo en el que el mundo en el que vivimos empezó a degradarse.

Quisiera volver atrás y cambiarlo pero sé que no es posible. Tras aquello, todo empezó a estropearse.

Me gustaría irme pero sólo los jóvenes pueden huir, nosotros, los adultos, aquellos que provocamos esto, tenemos que hundirnos con el barco, tenemos que soportar las consecuencias de lo que aquello creamos.

¿Sientes el frío? Desde entonces sólo hace frío, cómo si todo el calor del mundo hubiera desaparecido en el momento en que se produjo el pecado.

¿Buscas una señal? Quizás llegue cuando salga el sol, tal vez la encuentre en el momento en que la luz vuelva, puede que tú encuentras esa señal de que algo cambia y que puedas ver un futuro mejor que este presente que nosotros acabamos dándote.

Vete, busca esa señal, aquí no conseguirás nada.

Sólo los jóvenes

Siglos

Publicado: 2 octubre, 2014 en De ficción, Relatos
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Algunas historias son contadas, otras se han perdido con el tiempo y, unas pocas, se convierten en leyendas, en historias que acaban en el imaginario colectivo, en reproducciones de grandes logros, hazañas y heroicidades.

Aquí estamos, en este mismo momento, luchando por lo mismo que lucharon antes muchos hombres y mujeres parecidos a nosotros durante siglos, persiguiendo la libertad, persiguiendo la supervivencia. ¿Nos diferencia algo? Seguramente en principio no, pues todos compartimos el mismo ideal pero, os digo a todos, nuestros nombres serán recordados por ser los que vencieron la universidad, los que olvidaron sus heridas, magulladuras y penas y fueron capaces de vencer al más temido enemigo de la humanidad, ese que ahora nos amenaza en las sombras.

Lo que haremos aquí será recordado siglos y siglos, pues, nosotros, somos los que liberaremos a la humanidad de ese peligro que se cierna sobre ella. Nosotros seremos los que salven a los seres humanos de sí mismos, nosotros somos la tenue luz de la esperanza que deslumbrará hasta convertirse en la luz que ilumine con orgullo nuestro futuro.

Es el momento. ¡Vayamos juntos! ¡La historia espera nuestra victoria!

Siglos

La mosca en tu pared

Publicado: 10 mayo, 2014 en De ficción, Relatos
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Desperté así, viendo en miles de cuadros cosas que nunca había visto hasta el momento, como si el mundo fuera muy distinto al que conocía.

Exploré la habitación, me apoyé en la pared y descansé, y, por fin, te vi ahí, en tu cama tumbada, durmiendo tranquilamente, sin saber que te podía ver, dejando pasar la noche de ayer, esa que tanto tardó en llegar pero que valió la pena como ninguna otra noche antes lo habían hecho.

Me gustaría tumbarme ahí, junto a ti, contarte lo importante que fue para mí, pero es imposible, no puedo hacerlo así, me intentarías evitar, me pegarías y me intentarías matar, al fin y acabo, ahora mismo, no dejo de ser el bicho que revuela a tu alrededor, la mosca en tu pared que desearías extinguir, un alma encerrada en un insecto que no es capaz de saber el camino que debe tomar para regresar a ser lo que se supone que tiene que ser, el hombre que debería estar tumbado ahí, a tu vera, en tu cama, compartiendo tus sábanas y tus sueños, rozando tu piel y experimentando una felicidad que tanto me había costado encontrar.

Pero no, no es así y por alguna razón, el destino se ha reído de mí.

La mosca en tu pared