Archivos de la categoría ‘De misterio’

Amor verdadero

Publicado: 2 abril, 2016 en De misterio, Relatos
Etiquetas:, ,

Me sacas de quicio, haces que me desesperes, me gustaría hacer callar tu boca y no dejarte volver a hablar, me sacas de mis casillas y consigues que me vaya y, no obstante, cuando se me pasa, tengo que volver contigo, porque, a pesar de que por momentos consigues que te odie, te quiero de verdad.

Supongo que así es el amor verdadero, no dejar de amar aun en el peor de los momentos y, eso mismo, es lo que tengo por ti, porque desde que te conozco es lo que me ha pasado siempre contigo. Jamás he dejado de quererte, por muy difícil que se pusiera todo. Siempre he encontrado, cuando se trata de ti, más razones para seguir contigo que para dejarte.

¿Qué puedo hacer si no es estar contigo? Con estos síntomas tú eres mi enfermedad y mi cura y yo soy tu paciente y tu perdición a la vez. ¿Acaso no tiene que ser así?

Siempre tendré más razones para estar contigo que para dejarte y es por eso que lo nuestro resistirá todo lo que pasemos.

Amor verdadero

Anuncios

Pensé que esta sensación no tenía que ver conmigo y, no obstante, aquí estoy ahora, sintiendo como me atrapa y cómo me intenta arrastrar hacia un territorio fangoso del que no podré escapar.

Me siento así, perdido, sin ser capaz de encontrar auxilio, cómo si mis llamadas de socorro no fueran entendidas por nadie.

Apunto estoy de darme por vencido, de dejarme arrastrar por esa oscuridad que incipiente me rodea, cuando escucho una voz que me dice algo.

“Ven conmigo ahora, no pienses en nada, tan sólo dame la mano y acompáñame y te ayudaré a salir de esta pesadilla.”

No veo a nadie, tan sólo siento una sombra a mi lado, parece que mis ojos se hubieran quedado ciegos pero, aún con todo, hay algo en esa voz que me tranquiliza y estiro la mano hacia el lugar de la que proviene. Siento como si alguien asiese mi mano y me sacara de mi hundimiento, siento… siento por fin que alguien acude en mi auxilio.

Ven conmigo ahora

Buscándote por toda la ciudad, adentrándome en el centro, dejándome atrapar por la oscuridad con la que el día se empieza a empapar, procurando ver tu estela en cualquier luz, seguir cualquier sombra que muestre tu contorno, buscándote más allá de donde cualquier persona ha buscado a otra.

Sin embargo, no estás, no te encuentro y me pregunto si no estaré delirando la verdad, en forma de perlas de sudor que me caen de la frente. Me acuesto, no puedo más, me ha subido la fiebre. Duermo y despierto, pesadillas me persiguen al cerrar los ojos y cada vez que despierto vuelvo a buscar en esta habitación un resquicio de ti, mientras recuerdo como a veces jugamos como niños a hacer sombras chinescas.

¿Dónde estás? ¿A dónde has ido? ¿Por qué te has ido sin más? ¿Por qué no me has avisado? ¿Te ha pasado algo o te has marchado por alguna razón?

No puedo más me desvanezco mientras me intento levantar, intentando vestirme para ir de nuevo en tu búsqueda.

Despierto con ese olor de hospital que tanto detesto. ¿Qué ha sucedido? ¿Por qué estoy aquí? Intento recordar y no me acuerdo de nada, miro alrededor y te encuentro al lado. Duermes en el sillón que está al lado de la cama. ¿Te he encontrado o me has encontrado tú a mí? Nada está claro, me vuelvo a dormir, estoy demasiado agotado.

Sombras chinescas

En mi asiento, en un rincón, señalado por las sombras, enfocado por la luz de una bombilla intermitente, en un pasillo quejumbroso, a la espera de un dictamen.

No hace falta que nadie me diga cómo me siento, ya sé que para mucho soy uno de esos locos que no tiene arreglo pero me da igual, no me importa lo que otros digan, me importa lo que yo siento y, sin dudarlo, seguiré en la búsqueda de lo que ayude a lograr esa soñada felicidad, objetivo de todas mis acciones, para muchos disparatadas, pero sin duda, muy certeras en realidad.

Ahora sé que la distancia no es velocidad por tiempo, que por más rápido que vaya no voy a llegar antes a ese instante, que puedo estar cerca de lo que busco pero sentirme en la otra punta del mundo y que, siendo todo al revés, me sienta cercano, en el momento perfecto, al ritmo correcto.

Unos pasos se acercan a mí, veo gente con batas blancas que se me acercan, serán de nuevo esos afamados expertos que ya tienen su opinión sobre mí. Me dirán loco pero yo soy el más cuerdo, el único que ve la realidad de este instante, el que sabe que encerrado aquí está perdiendo el tiempo.

La distancia no es velocidad por tiempo

Disparé

Publicado: 17 enero, 2014 en De misterio, Relatos
Etiquetas:,

Un agujero a medio cerrar en mi pecho me advertía que no sería capaz de moverme como quisiera en mucho tiempo. Fue uno de esas primeras observaciones que se me vinieron a la cabeza al poco tiempo de despertar.

Había estado a un paso de la tumba, quizás durante un buen tiempo ya casi instalado en ella, pero en vez de saltar directo al pozo, por alguna razón que desconozco, mi alma decidió regresar a mi cuerpo y eso que, en verdad, no encuentro aún muchas razones para seguir respirando.

Volví a dormirme, tanta visita y tanta dichosa palabra de aliento me sacaban de quicio, realmente no sé de qué me tengo que arreglar, todo lo que daba magia a mi vida me ha sido arrebatado y esta gente parece alegrarse de que pueda continuar vivo y sufriendo esa situación.

–          Eres obstinado hasta para morir.

Una voz femenina se dirigía a mí. Abrí los ojos y me encontré con que la penumbra invadía la habitación, una silueta se presentaba a unos metros de mí, escondida entre las sombras.

–          ¿Quién eres?

–          ¿Ya me has olvidado? Yo soy quién te disparé.

Si fuera una persona normal seguramente mi adrenalina se habría disparado y habría pedido auxilio, gritado o alguna de esas cosas. Pero yo no soy así, ni tampoco encontraba mucho sentido discutir con la mujer que casi termina para siempre con toda mi desgraciada vida.

–          Pues podrías haber acertado…

–          No recuerdas nada, ¿verdad?

Lo cierto es que tengo lo que los médicos llaman amnesia retrograda. Realmente no podía recordar la mayoría de los eventos que acaecieron antes de que me encontraran medio muerto.

–          No.

–          Pues deberías hacerlo. Las cosas no son, ni mucho menos, como tú ahora estás pensando.

Se puso de pie y dio la vuelta, disponiéndose a marchar.

–          ¿Quién eres tú? ¿Por qué lo hiciste?

Miró una última vez hacia atrás. El brillo de la luz del pasillo iluminó su cara, una cara bella pero que me resultaba totalmente desconocida. No obstante, una cara que no me infundía temor, como se supone que tendría que sentir cualquier persona que hablase con la persona que estuvo a punto de asesinarla.

–          Cuando recuerdes, ven a buscarme. Te estaré esperando.

Dicho esto, se fue mientras mi incredulidad aumentaba.

Horas después desperté otra vez. Me pregunté si no habría delirado en sueños. Casi me había convencido de ello cuando observé, encima de esa mesilla de hospital que acompañaba la cabecera de mi cama, que habían dejado una tarjeta con nombre de mujer. Realmente, aquello había sido real.

Disparé

Asesino

Publicado: 22 septiembre, 2009 en De misterio, Relatos
Etiquetas:, ,

Ha llegado el momento, quizás sea con retraso, todo debió empezar antes y, por ello, quizás ahora sea más violento, más duro, menos humano. Ahora ya no es una disputa, ahora es una guerra. Llegó la hora de unirse a la fuerzas ocultas, llegó la hora de salir de la oscuridad, de que la sombra que perdió su nombre cobre su venganza.

Frío, hielo, pervertido, embrujado, asesino… así es el instinto que nos envuelve.

Es hora de borrar todo lo que nos dijeron, de acabar con los engaños que nos infligieron, es el tiempo de empezar una guerra desgarrada, furiosa y despojada de toda humanidad.

No te quedes atrás, pierde el control, acelera el paso, ya ha nacido en ti el instinto asesino que tanto temen, ha empezado la orgía de la oscuridad.

Ya no brillan estrellas en el cielo, todas están pintadas de sangre, una luz mortuoria nos recoge, el olor a sangre ha vuelto a este mundo nauseabundo.

Pero este es el precio que tenemos que pagar por todos aquellos que nos engañaron, el precio de la falta de humanidad, el precio de convertirnos en bestias nuevamente.

No tenemos salvación, solo podemos sobrevivir.

El tiempo del asesino ha comenzado, quizás si eres fuerte puedas sobrevivir.

Asesino