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Mi nuevo vicio

Publicado: 22 julio, 2017 en Relatos, Descriptivos
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A veces me pregunto si tiene sentido todo esto pero luego recuerdo que esta partida fue cosa mía. No puedo acusarte de haberme mentido, cuando yo siempre juego con un as bajo la manga, cuando me tiro un farol cada vez que juego una mano y, aunque me diga que esto es una mentira, lo real es que no puedo parar de jugar.

Seguimos apostando, cada vez nos jugamos más nuestra banca y ahora no me queda más que admitir que tengo un problema, que eres mi nuevo vicio y no te puedo dejar y por mucho que diga que lo tenga controlado, lo real es que no te puedo dejar.

Cada día digo que esto es una despedida pero cada noche en ti vuelvo a caer y sé que quizás esto no me hace bien, pero prefiero que no lo haga a no poderlo tener.

En esta mano me apuesto todo, si pierdo nada va a volver y ¿crees que me importa? Me gusta más el hecho de tener que deberte todo para volverte a tener otra vez.

No lo puedo evitar, tal vez tengo algo que reconocer y aquí estoy ante el espejo, poniéndome guapa, esperando a volver a perder, a que me cojas del brazo y me hagas otra vez entender, que por mucho que pretenda esconderlo, contigo me quiero perder.

Fetiche

Publicado: 21 julio, 2017 en Descriptivos, Relatos
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Lo veo en tus ojos, en cómo me siguen a cada movimiento que hago. Veo fuego en ellos, algo que se ha encendido y no puede apagarse y por eso entiendo que vengas con todo, que quieras tocarme, que quieras tenerme entre tus brazos, que quieras explorar cada centímetro de mi piel, porque de alguna forma soy tu fetiche, he despertado en ti un apetito voraz de mí y aunque te eche de mi cama, puedo comprender que vuelvas a ella. Si yo estuviera en tu lugar, también lo haría.

Nadie tiene la culpa, es algo que viene de nuestro interior, algo que nos impulsa de una manera salvaje, de forma intensa a amarnos una y otra vez, como si no pudieras hacer otra cosa aparte de ello.

Sí, lo sé, sé que te llevo más allá de tu límite y lo sé porque tú también me llevas más allá del mío y no puedo evitarlo, somos como una droga el uno por el motor, una droga que no podemos dejar de tomar, una droga que nos embriaga y que no posee y que hace que queramos probarnos a cada momento.

Este apetito nuestro no desparece, va a más, ¿y qué podemos hacer nosotros? Tan solo podemos saciarlo.

Prefiero quedarme con los ojos cerrados, alargar un poco más esto, seguir haciéndome el dormido, porque lo que me espera al abrir de los párpados es el final de algo que fue bonito y que puede que nunca quede en mi memoria como tal.

Si pudiera me metería en el hielo, me quedaría congelado, dejaría que el tiempo me dejara para siempre en este momento, conseguir que nunca fuera tarde y poder llegar al cielo con la sensación de que he vivido algo importante.

Tengo nuevo secretos, oscuros y brillante, los encuentro al abrir los ojos, me miran desafiantes y sé que no puede durar mucho tiempo, pero es mejor que nada, dentro de poco se volverán en mi contra, se tornarán desafiantes.

Anhelo que esa luz que me trajo lo que ahora siento, nunca se apague pero sé que nada es eterno y que también se marchitará este instante.

Suspiro y contengo un lamento, podría protestar, no sería nada nuevo, pero decido avanzar, a lo mejor es lo que siempre debí haber hecho.

Sí, soy una contradicción, igual conmigo nadie debería perder el tiempo, pero no puedo evitar enfrentar mi realidad con mi sueños, soy así de intenso.

No sé de donde viene pero lo cierto es que poco me importa, la veo llegar y siento que su presencia lo cambia todo, hace el día distinto.

Su cabello ondea al viento, su mirada desafía a cualquiera y su llegada ha traído el silencio a esta ciudad medio sumergido en el mediterráneo. Podría coronarla como la reina de Venecia y, con todo, seguiría sin hacerle la justicia que se merece, al menos la que se merece para mí.

Se sienta a mi lado y me sonríe de forma maliciosa.

– Te veo bien.

– Te veo mejor a ti.

– Siempre tan directo.

– ¿Por qué habría de ser de otro modo? Siempre me ha gustado decir lo que pienso y ya soy demasiado mayor como para perder el tiempo.

Me mira fijamente y vuelve a sonreír.

– Hacía mucho tiempo que no nos veíamos.

– Sí, demasiado. Pero, ¿podría haber sido de otro modo?

– Sé, como tú, que no.

Un momento de silencio, breve pero intenso, hasta que de nuevo me mira desafiante.

– Entonces, ¿ahora que se supone que debemos hacer?

No sé porque lo pasas tan mal. Te han llamado personaje ¿y qué? Yo soy mucho más, soy un príncipe de las tinieblas y del mal. ¿Qué más da lo que puedan pensar los demás? Lo importante es saber que uno puede disfrutar y, si disfrutas, lograrás triunfar sobre la mediocridad.

¿Bailas mal? ¿Quién baila bien? Lo importante es divertirse, lo demás da igual, cualquier homínido puede encontrar una forma loca de representar el ritmo que pondrá un Dj estelar, en esta noche que no tiene por qué acabar.

¿Qué es la normalidad? A mí la normalidad me da igual. Si tú me dices Ben, yo digo Affleck, ¿será que vivo en la caja tonta o que siempre quise una vida de telenovela? La verdad es que estoy fatal pero me encanta.

Yo soy un cordero en este pub, ellas son lobas que me persiguen con la mirada y si no es así, ¿qué más da? Pensando así soy feliz y mientras tanto disfruto de las bolas brillantes de las paredes, de los rayos láser que iluminan de color la oscuridad, de ese ritmo que me contagia.

¿Te animas de una vez? Aprende de mí, aprende a que te dé todo igual, porque lo importante no es lo que piensen los demás, es lo que tú quieras vivir. Si quieres ser feliz, debes aprender a que tu manera te tiene que importar a ti y a nadie más y, cuando lo hagas, a todos les parecerás genial.

Leopardo lento

Publicado: 13 julio, 2017 en Descriptivos, Relatos
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Demasiados pensamientos en mi cabeza, muchos no deberían estar ahí. Hoy es uno de esos días en los que pienso que quizás el mundo no ganó nada con mi existencia. Soy una persona más en medio de esta inmensidad de humanos del planeta, no me siento capaz de hacer la diferencia, de brillar por encima del resto.

Me miro al espejo y veo unos ojos tristes. Me dicen muchas veces que mis ojos son bonitos pero yo los encuentro tristes, al menos hoy.

Parece que todo el mundo tiene algo que decir, que todos tienen derecho a juzgarme pero, lo cierto, es que no me conocen, ¿por qué se atreven a hacerlo? Me siento chica, tan pequeñita que nadie es capaz de verme.

Hoy soy como un leopardo lento, nunca tendré ninguna victoria que haga posible mi supervivencia. Si lo mejor que tengo no es suficiente, ¿qué puedo hacer?

Por la calle los veo mirarme, sé lo que piensan, soy esa chica misteriosa a la que nadie entiende, ni siquiera se entiende ella misma.

Una cancioncilla triste se ha metido en mi cabeza y la tarareo sin darme cuenta. Se pone a llover pero es lo mismo, no me importa ni mojarme.

De repente sale el sol, un sol inesperado y yo miro al cielo sorprendida y recuerdo lo que un día alguien me dijo: todo cambia en un momento y, por primera vez en este día, sonrío, porque sé que es cierto.