Como el viento

Tienes felicidad que repartir para todo el mundo y yo me pregunto si al final quedará algo para mí, porque, aunque no lo sepas, yo soy el que necesito más de ti, porque al final, cuando me llega tu aliento, me mueve como el viento a un barco en el mar, me hace llegar al lugar que siempre he querido.

Sólo soy feliz si te miro y hoy te veo con ese vestido de flores de colores, que acompaña cada uno de tus giros, y siento que el viento que sale de ti mece mi cuerpo.

Soy feliz si estoy contigo pero, algo hay dentro de mí que quiere más y al final no sé si me podrá llegar, si debería decir la verdad y arriesgarme para saber si ese camino que tú me enseñas tiene o no tiene un final feliz.

Te quiero seguir pero no sé si puedo, tienes alrededor a muchos que te persiguen y sólo  notan tu ausencia. ¿Mirarás atrás para pedírmelo?

Anuncios

Lluvia en Abril

Entre las sábanas tú siempre fuiste la que mandabas. Te bastaba con un leve movimiento de tu voz para que tu orden quedara clara.

Mientras la misión de exploración de nuestros cuerpos continuaba, sabíamos que las perlas de nuestro sudor sería lluvia en Abril en esta nuestra historia de dos y que tus ojos, que emanaban esa luz que tanto necesitaba, se convirtieron en el faro que este pobre capitán que tanto tiempo llevaba a la deriva, necesitaba para llegar a un puerto que lo salvara.

Me atrapaste en tu encanto, me atrapaste en tu mundo de dos habitaciones, un sofá y una cama ancha, allá donde nuestros sueños comulgaron para confesarse un día a los dos, lo que había entre los dos era lo que nos mandaba.

Da igual que fuera invierno o verano, da igual que nos muriéramos de calor o tiritásemos de frío, el sudor de nuestras sábanas era la lluvia en abril de la primavera que entre los dos comenzaba.

El temblor

Dijiste que volverías y lo hiciste, volviste de dónde nadie había regresado antes y lo hiciste con una sonrisa triste en los labios y una historia que te negabas a contar.

Tenías pesadillas por la noche y te despertabas gritando que nadie nos separaría cuando llegase el temblor. Intenté curar tus heridas de la mejor forma que podía pero, lo cierto, es que no sabía como hacerlo y tú, poco a poco te ibas alejando, no querías manchar mi vida de esa negra tristeza que llevabas en tu interior.

Desapareciste sin dar explicación y grité mientras te buscaba por todos los lados, sintiendo escalofríos, sintiendo la peor forma de la soledad.

Decidí que nuestra historia no podía acabar así y te busqué por todos lados y, al final, te encontré, donde menos pensaba, al otro lado de los sueños que un día quisimos empezar.

Entonces llegó, el temblor que siempre había anunciado, hizo que todo se nos viniera encima, nadie nos vino a rescatar, pero entonces regresaste de la pesadilla e hiciste lo que siempre gritaste, quedarte a mi lado.

Las cosas se me olvidan

Quedé más tarde de las dos y esperé los cinco minutos de rigor, esos mismos que siempre ella quiso que esperara, hasta que entró por la puerta de la cafetería.

La encontré muy cambiada, su cara con ojeras de no dormir o quizás de llorar, puede que de ambas razones.

Me dijo que le debía una explicación y, mientras yo masticaba el silencio de mi falta de razón, me preguntó que iba a pasar ahora y yo quise decir la verdad pero fui incapaz, ella no merecía que le hiciera más daño del que debía.

Tenía demasiadas cosas en la cabeza, creía en mi sueño, ese mismo al que tantas horas dedicaba, y ella tenía razón, no le hacía el caso que debía.

Le prometí que la buscaría y no lo hice y es que las cosas se me olvidan cuando hago lo que siempre soñé con hacer. Ella tenía razón, no formaba parte de mi sueño y fui injusto con ella, sufrió por algo que no debía.

No vales más que yo

Se acabó, no dejaré que nunca me digas que eres mejor que yo, ni escucharé más tus disculpas falsas de alguien que no entiende que no merece mi amor.

Te di mi vida y la tiraste en la basura, creyendo que te pertenecía, cuando en realidad no, porque nadie es esclavo de nadie cuando se trata de ser dos.

Así que me voy, te dejo tirado como tú tantas veces hiciste conmigo. Nunca he encontrado a nadie que me haya hecho tanto daño cómo me lo has hecho tú, cuando me convertí en algo que jamás soñé ser.

Ojalá que sientas el vacio que he sentido yo, al encontrarme contigo cada noche, cuando preferiría que no volvieras para ser capaz de dormir un día sin derramar lágrimas en las mejillas, después de que llamases con cualquier excusa tonta que nunca tendrá mi perdón.

No, no vales más que yo, vales mucho menos, porque tan solo eres un cobarde que no sabe lo que es el amor ni lo que es querer de corazón. Nunca tendrás mi perdón.