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Decir algo

Publicado: 5 febrero, 2018 en Reflexivos, Relatos
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Todo el mundo parece tenerlo claro, parece saber más que yo. Todos tienen claro lo que valgo pero yo no lo sé, a veces me da la sensación de que voy en busca de algo que no está a mi alcance. Pero, ¿cómo no va a estarlo?

Tendría que decir algo, tendría que expresarme, pero callo y no digo nada, sencillamente ya me he cansado de dar explicaciones. Ni mucho menos me voy a dar por rendido pero soy lo suficientemente maduro para darme cuenta de que la vida no siempre nos da lo que anhelamos y que, debemos, disfrutar de las cosas que si nos va dando.

En ocasiones, la mejor forma de decir algo es sin decir nada, estar callado y seguir trabajando, paciente y con las ideas claras, retando a la suerte para que te dé la oportunidad de obtener lo que siempre has querido y, si la tienes, aprovecharla.

La vida no siempre te da lo que quieres pero, normalmente, te da lo que necesitas. Tendré que apreciarlo y el resto, el tiempo dirá.

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No siempre las cosas son sencillas, no siempre saldrá todo como uno desea pero no tienes que creer que pierdes porque no obtienes lo que quieres, porque todo es parte de un proceso, de un camino, de un aprendizaje constante.

Así que ten ánimo, disipa las dudas, esas que nunca llevan a ninguna parte, que te debilitan y te hacen parar cuando necesitas continuar. Cree en ti mismo y avanza siempre hacia adelante, todo pasa por algo. Si te caes es porque precisabas conocer el peligro para no caer más fuerte la siguiente vez y, por nuestros sueños, vale la pena equivocarse y tener que volver y volver a levantarse.

Ahora es fácil comprender en lo que nos decían nuestros padres, cuando ya tenemos edad nosotros para serlo también, que no te fíes nunca de las apariencias, que lo importante es que te quieran por ser como eres, con tus miserias y tus fortalezas.

Siendo uno mismo siempre se vence, aunque a veces creas que sólo pierdes, porque la meta no se vislumbra a mitad de camino, sólo se disfruta cuando llegas.

Ícaro

Publicado: 30 enero, 2018 en Reflexivos, Relatos
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No siempre has tomado las mejores decisiones, quizás siempre hayas hecho lo contrario, tal vez siempre has tomado las peores, y por eso ahora estás aquí, al borde del abismo, en medio de la oscuridad, planteándote que significa tu vida para este mundo, en qué es lo que marcas la diferencia, preguntándote si tu vida realmente es importante para alguien.

Ícaro voló demasiado cerca del sol, derritió sus alas de cera y cayó, como has caído tú, pegándote de bruces contra un abismo, el de esa soledad crónica que parece perseguirte.

Pero, ¿estás seguro de que en verdad es lo que pasa? ¿Por qué hay gente que no cree que puede ser así? ¿Acaso eres tú el problema, acaso es que no aprendiste aún a creer en ti mismo?

Solo hay una forma de entender la vida, corriendo riesgos, buscando cuáles son tus límites, la línea hasta la que puedes llegar.

Tu vida acaba de empezar, no te asustes de lo que pueda pasarte, puede que estés cavando tu propia tumba o, puede, que estés forjando el gran éxito que siempre deseaste.

De repente, te ves a ti mismo en medio de la multitud, con todas tus cosas en una mochila, viendo como cada pedazo de tu vida perfecta se viene abajo, la mirada perdida, tú en un mundo al que nadie es capaz de llegar, esperando que algo te despierte, que algo te diga que todo lo sucedido hasta ese instante ha sido, tan solo, una mala pesadilla.

Pero no, no es una pesadilla, tan sólo es un paso que no puedes recuperar, uno de tantos que vas dando a lo largo de tu vida, que te llevarán un poco más lejos cada día y te harán un poquito más sabio, a pesar del dolor, a pesar de todo lo que implica.

Sí, aquí estás ahora, esperando que el tren se detenga en un nuevo capítulo del que no sabes nada pero que sabes que va a empezar.

Dime, ¿qué harás ahora? Sea lo que sea, no te detengas, sigue creyendo en ti mismo, porque todos perdemos alguna vez, porque a todos nos duele una derrota, porque somos humanos y eso es lo que significa serlo.

Siempre he tenido la sensación de que la vida me dejaba de lado. Desde muy chico tenía la sensación de vivir en un mundo diferente a los demás, ellos salían, fumaban y bebían, mientras yo leía y escribía, pensaba y me hacía preguntas que a los demás le sonaban extrañas y de las que escapaban.

En los momentos más bajos, he acudido a mi madre, mi familia, y ella me lo ha dicho muchas veces. La vida no es sencilla, por momentos parece engullirte o carga sobre tu espalda un peso que sientes no ser capaz de llevar, pero no desesperes, confía en ti mismo y sé tal y como eres y acabarás encontrando tu camino, ese que te llevará al lugar que te mereces, el que te mostrará lo que necesites ver y el que te enseñará lo necesario para que triunfes como persona.

También me dijo que no debía cambiar, triunfase o fracasase, porque el único camino válido de una persona es el suyo, no el que otros crean que necesita recorrer.

No, no soy perfecto, pero nadie lo es y eso es lo que me recuerda ella siempre, desde mis primeras caídas en el abismo de adolescente, cuando volvía caer a los 20, a los 26 o a los 33…

Así que, da igual si caigo en ese abismo negro de tristeza, volveré a levantarme, volveré a llegar a lo más alto y seré yo mismo, tal como soy, porque eso es lo único que importa.

Para mí

Publicado: 11 enero, 2018 en Reflexivos, Relatos
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El mundo forja lo que somos. A algunos los hace débiles, a otros los hace fuerte y, raramente los que se creen una de esas cosas lo son.

La vida determina lo que somos, no nuestras palabras. Uno no es fuerte por decirlo, ni es débil por callar, uno es tan fuerte y débil como sus actos demuestran.

Somos así y yo no soy una excepción. Puedes amarme o puedes odiarme pero no me cambiarás sólo porque lo quieres tú, tendrás que demostrarme que el cambio me puede llevar a mejor, tendrás que demostrarme que tendré más oportunidades en la vida y, espero, que sea así, sino no obtendrás nada de mí y, ni mucho menos, lo que habías querido.

Para mí no hay nada más importante que la palabra, que el ser como decimos que somos, el ser verdaderos, el no aparentar ser uno y después ser alguien totalmente distinto.

Esa es mi forma de entender la vida, mi forma, mi credo y nadie me hará cambiarla, porque sé que tengo razón, porque sé, que en esto, siempre he estado acertado.